Organizaciones españolas analizan las consecuencias del fenómeno meteorológico.
By Olga Quintanilla Marful | Cuestiones ambientales | Junio 1, 2026
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Diecisiete meses después de la catastrófica inundación del DANA que devastó 78 municipios valencianos, dejó 230 muertos y sumergió miles de viviendas, los ascensores se convirtieron en un elemento clave para la recuperación. De las 7,530 unidades afectadas, 471 siguen sin reparar, mientras que las empresas han realizado una media de 20 reparaciones diarias, el triple de la tasa habitual. La escasez en la cadena de suministro, los altos costes y las 200 unidades sepultadas bajo el lodo requieren su sustitución completa, cuyo coste se estima en unos 22 millones de euros, y la grave escasez de técnicos certificados ralentiza los trabajos. Las asociaciones del sector consiguieron una moratoria de un año en las mejoras de las TIC para priorizar las reparaciones de emergencia e instaron al reconocimiento legal como servicio esencial. El Plan de Recuperación regional exige sensores, baterías auxiliares y drenaje para prevenir futuros atrapamientos.
Se discutieron extensamente temas como la tecnología de videovigilancia y otras cuestiones.
Por Olga Quintanilla, corresponsal de EW
Diecisiete meses después de una DANA —fenómeno climático conocido en el Mediterráneo español como la «gota fría»—, un total de 471 ascensores permanecen sin reparar de las 7,530 unidades afectadas el 29 de octubre de 2024. Mientras tanto, la entrada en vigor de la nueva ITC (Instrucción Técnica de Construcción) se cierne sobre la Comunidad Valenciana, donde su implementación se retrasó precisamente a causa de este suceso. En esta tragedia —que afectó a 78 municipios de la provincia de Valencia— se perdieron 230 vidas y miles de viviendas quedaron sumergidas; barrios enteros, negocios, explotaciones agrícolas, escuelas, tiendas e instituciones fueron destruidos, trastocando drásticamente la vida de los ciudadanos y la industria de la región.
En este contexto de emergencia, el ascensor —normalmente un testigo silencioso de la vida cotidiana— asumió un papel inesperado, convirtiéndose en un protagonista clave en el esfuerzo de recuperación para restablecer la normalidad en un rincón devastado del Levante español.
Desde el momento en que se produjo esta catástrofe climática, la carga de trabajo fue hercúlea, ya que no solo afectaba a unas pocas unidades aisladas, sino a toda una zona geográfica donde todo el parque de ascensores quedó inoperativo simultáneamente. Así lo expresó Emilio Carbonell, presidente de Ascencoval (la Asociación de Empresas de Ascensores de la Comunidad Valenciana), en declaraciones realizadas a la emisora EsRadio Valencia en enero de este año, momento en el que las cifras ya se habían estabilizado y podían analizarse con mayor perspectiva.
“Estamos hablando de un incidente de DANA que afectó a más de 7,500 ascensores. Para ponerlo en perspectiva, esa cifra representa un volumen astronómico en comparación con la capacidad operativa de cualquier empresa en la zona. El volumen de trabajo fue entre tres y cuatro veces superior al que se instala normalmente en un año. En esencia, tuvimos que completar el trabajo de cuatro años, condensado en tan solo uno.”
El esfuerzo inicial fue sencillamente titánico, a juzgar por las imágenes y los vídeos difundidos desde los primeros instantes del desastre. La prioridad era hacer todo lo posible para evitar que los edificios quedaran aislados, priorizando la funcionalidad básica sobre las reparaciones estéticas o permanentes. Carbonell señala que, «durante los primeros meses, el objetivo era simplemente poner en marcha los ascensores, para que la gente pudiera subir y bajar de sus casas. Fue un esfuerzo incansable por parte de todos los técnicos para restablecer una mínima normalidad a los residentes».
En los últimos meses, estos esfuerzos han dado frutos significativos, reflejando el inmenso trabajo realizado por el sector. Desde septiembre de 2025, se han encontrado soluciones para casi 320 de los 780 ascensores que permanecían fuera de servicio, lo que representa el 38 % del total. Además, la mayoría de estas intervenciones se han centrado en unidades clasificadas como en estado crítico, con 217 ascensores de esta categoría reparados con éxito.
Ascencoval señala que, desde el desastre, el sector ha logrado una tasa media de reparación de 20 ascensores al día, una cifra más de tres veces superior a la media anual habitual, que se sitúa en seis ascensores diarios.

Cuellos de botella: Suministros y presupuestos
La magnitud de este desastre —cuyas consecuencias persisten dada la urgente necesidad de reactivar los 471 ascensores pendientes— radica en la presión ejercida sobre la cadena de suministro. Es importante destacar que la magnitud de este desafío no solo afectó a los técnicos en Valencia, sino que también puso a los fabricantes en una situación crítica, ya que la demanda de componentes como motores, cables y paneles de control se disparó a niveles sin precedentes. «Sencillamente, no había suficiente stock para absorber un volumen tan masivo de pedidos a la vez. Las fábricas tuvieron que priorizar los envíos a la zona afectada porque la necesidad allí era absoluta y urgente», explicó Carbonell.
En este punto, el proceso de recuperación está entrando en una segunda fase, más técnica, más lenta y más costosa. Inicialmente, las empresas pertenecientes a Ascencoval centraron sus esfuerzos en soluciones temporales o reparaciones rápidas para restablecer la movilidad básica de los residentes. Sin embargo, lo que queda ahora son esas 471 unidades, 200 de las cuales requieren reemplazo completo o extensas revisiones mecánicas y electrónicas, ya que sus sistemas originales fueron destruidos por el lodo. Abordando este punto está José Carlos Frechilla, director de la Federación Empresarial de Ascensores (FEEDA). Hablando a ELEVATOR WORLD Europe Estimó el coste de estas reparaciones de ascensores más complejas en aproximadamente 22 millones de euros, parte de una cifra total que incluye 7,530 ascensores afectados. El parque total de ascensores en la Comunidad Valenciana consta de 28,553 unidades. Frechilla dijo:
Muchos de estos elevadores están enterrados bajo dos metros de lodo y son completamente inservibles, por lo que la única solución viable es su sustitución total. Esto requiere ayuda estatal, fondos que, afortunadamente, están empezando a llegar, aunque todavía no en su totalidad.
Respecto al presupuesto necesario para invertir en la reparación de estos equipos, informó:
“Las empresas de nuestro sector han aplazado el pago de muchas reparaciones; sin embargo, las averías restantes implican costes sustanciales, que oscilan entre los 50,000 y los 60,000 euros en adelante. Debemos esperar a que lleguen los fondos necesarios antes de poder realizar más reparaciones en el mayor número posible de unidades.”
Operaciones de recuperación
En este sentido, Carbonell señala que, durante esta fase de reparaciones a gran escala, diversas complejidades técnicas están obstaculizando el progreso de la recuperación. Un factor fundamental que afecta la reparación inicial del equipo es el propio hueco del ascensor, ya que cada instalación presenta dimensiones únicas. Carbonell destaca que un ascensor no es simplemente una unidad prefabricada comprada en un almacén e instalada; más bien, se trata de instalaciones que deben diseñarse a medida. Los plazos de entrega —desde que se finaliza el presupuesto hasta que el ascensor está completamente operativo— pueden extenderse hasta seis meses debido a los cronogramas de fabricación.
Otro elemento crítico dentro de toda esta operación de recuperación se centra en el desafío que plantean los componentes electrónicos, que a menudo son irreparables. En este contexto, Carbonell subraya que no se puede simplemente “parchear” la seguridad de los ascensores:
“El agua y el lodo de la tormenta DANA no solo afectan a los componentes metálicos, sino que también destruyen los paneles de control. Cuando el agua llega al panel de control, los componentes electrónicos quedan inservibles. Una limpieza a fondo no es suficiente; es necesario reemplazar sistemas completos para garantizar la seguridad de los usuarios.”
Desafíos pendientes
Carbonell enfatizó que el verdadero límite físico para el esfuerzo de reconstrucción no proviene ni de la falta de voluntad corporativa ni de la escasez de piezas, sino más bien de la imposibilidad legal y técnica de incorporar personal que carece de la capacitación adecuada en transporte vertical (TV), un campo donde la seguridad es primordial. Dijo:
“El principal problema al que nos enfrentamos es la escasez de mano de obra cualificada. No podemos contratar a cualquiera para trabajar en un ascensor; necesitamos personas con formación especializada: personas con licencia de mantenimiento de ascensores o con una titulación de formación profesional.”
El oficio de técnico de ascensores exige una sólida base técnica en electrónica, mecánica e hidráulica; conocimientos que no se adquieren en cuestión de semanas. Esta complejidad inherente impide una respuesta rápida a los aumentos repentinos de la demanda, como el que se produjo tras el reciente aumento de la demanda provocado por DANA. Carbonell afirmó:
Actualmente no hay técnicos disponibles en el mercado laboral. Es un sector con pleno empleo, y la formación de un técnico requiere tiempo. No es un problema que se pueda solucionar de la noche a la mañana contratando a 100 personas si estas no poseen las credenciales necesarias.
En consecuencia, como explicó Carbonell, las empresas se han visto obligadas a recurrir a la ayuda mutua y a la coordinación logística interna, redistribuyendo equipos de otras provincias. Sin embargo, esta estrategia conlleva enormes costos operativos y humanos:
“Hemos tenido que traer técnicos de otras comunidades autónomas; gente de fuera que ha dejado sus hogares para venir aquí y ayudar a solucionar el cúmulo de trabajo acumulado en Valencia. Es la única manera en que hemos podido hacer frente a la demanda.”
Tras esta intensa y continua actividad, surge una capa de complejidad que se manifiesta durante el proceso de instalación propiamente dicho en el lugar. Como señaló Carbonell:
“Hay que desplazarse hasta el lugar, desmontar la unidad existente —que ha resultado dañada por el lodo— e instalar una completamente nueva… Y para ello se necesita personal cualificado. No se trata simplemente de sustituir una pieza para completar el trabajo; es una tarea técnica que requiere una cantidad considerable de tiempo dentro de cada hueco de ascensor.”
Este requisito implica que un técnico debe dedicar muchas horas a una sola instalación, lo que limita el número total de ascensores que un equipo compuesto por personal especializado puede reparar en un mes determinado. «Nos enfrentamos a un sector donde la falta de vocación profesional —o de plazas de formación disponibles— nos está pasando factura durante crisis como esta», añadió.
Cabe destacar que, a principios de 2026, el presidente de FEEDA, Antonio Pérez, y Frechilla se reunieron con el entonces secretario de Estado de Política Territorial, Arcadi España, y la comisionada especial del Gobierno para la Reconstrucción Post-DANA, Zulima Pérez i Seguí, para solicitar que el sector de los ascensores fuera reconocido como un servicio esencial durante situaciones de emergencia. La Federación expresó la necesidad de «proporcionar al sector un marco jurídico específico que garantice la continuidad operativa de los servicios de mantenimiento, rescate y restauración de ascensores en situaciones críticas». El secretario de Estado respondió positivamente a las propuestas de FEEDA, reconociendo los fundamentos jurídicos que sustentaban la solicitud, así como los ejemplos aportados sobre el desempeño del sector en recientes escenarios de emergencia, y se comprometió a examinar con mayor profundidad la base técnico-jurídica de la propuesta para impulsar la iniciativa.

Obstáculos en las operaciones de actualización
Además de las dificultades técnicas, existe también la complejidad administrativa que rodea a estas operaciones. En este contexto, Ascencoval —en coordinación con FEMEVAL (Federación Valenciana de Industrias Metalúrgicas)— está llevando a cabo un importante esfuerzo para revisar y actualizar la información relativa al registro de empresas de mantenimiento de ascensores, teniendo en cuenta los frecuentes cambios de titularidad, tanto de la empresa responsable del mantenimiento como de las propias comunidades de vecinos.
En ciertos casos, esta tarea se complica por la falta de información, dado que es responsabilidad de los propietarios notificar a la Consejería de Industria cualquier cambio de proveedor de mantenimiento, una obligación que no siempre se cumple, según Carbonell. Señaló que "este seguimiento es fundamental para colaborar con la administración en la identificación de las empresas responsables de cada ascensor afectado" —sean o no miembros de la asociación— y para determinar con mayor precisión los problemas específicos que deben resolverse, así como el orden de prioridad de las intervenciones necesarias.
Presupuestos inasequibles para edificios residenciales
La realidad que enfrentan actualmente muchas comunidades residenciales es la imposibilidad de realizar reparaciones de inmediato debido al alto costo de los presupuestos presentados. En la mayoría de los casos, estos presupuestos implican el reemplazo completo del equipo, costos que resultan inasequibles sin subsidios públicos o asistencia del Consorcio de Compensación de Seguros. Carbonell se abstuvo de proporcionar una fecha específica de finalización general, pero advirtió:
“El proceso será largo para los edificios con daños estructurales. Una vez instalado, el ascensor deberá someterse a las inspecciones necesarias y a los procedimientos legales de puesta en marcha. No podemos arriesgar la seguridad de los residentes; el agua es el peor enemigo de los sistemas electrónicos y mecánicos de los ascensores.”
Se estima que el plazo medio desde la firma del presupuesto hasta la puesta en marcha completa del ascensor oscila entre cuatro y seis meses. Las complicaciones suelen concentrarse en los casos que implican equipos más grandes y costosos, así como en comunidades residenciales con un alto volumen de residentes, donde los procesos de toma de decisiones y financiación suelen ser más lentos. La Confederación Empresarial de la Comunidad Valenciana (CEV) señala que, el día de la tormenta DANA, más de 61,000 empresas vieron paralizadas sus operaciones, al igual que aproximadamente 16,000 viviendas, según la Generalitat Valenciana. Si la magnitud de este fenómeno climático ha demostrado algo, es que las averías de los ascensores han causado estragos en la vida de miles de residentes. De hecho, un ascensor no es un lujo, sino una necesidad esencial para mantener la independencia y la calidad de vida de las personas.
El Departamento de Servicios Sociales, Igualdad y Vivienda de la Generalitat Valenciana —en colaboración con entidades como el CERMI (Comité Español de Representantes de Personas con Discapacidad), empresas de gestión inmobiliaria, la Cruz Roja y los departamentos de servicios sociales de los municipios afectados— confirma que hasta 311 edificios se quedaron repentinamente sin ascensores en funcionamiento de la noche a la mañana. Esto dejó atrapados en sus hogares a un gran número de personas con movilidad reducida (1,625 personas) —muchas de ellas mayores de 70 años— para quienes la falta de ascensor constituye un obstáculo insuperable. También afectó a familias con niños pequeños, para quienes la ausencia de ascensor complica enormemente la vida cotidiana.
Paiporta fue uno de los municipios más afectados, con 70 edificios dañados. A finales de marzo de este año, durante una sesión plenaria, el consejo municipal aprobó por unanimidad un paquete de ayuda extraordinaria para financiar la reparación de los ascensores dañados por el huracán DANA. El proyecto incluye un estudio preliminar para determinar cuántos ascensores requieren intervención y los recursos financieros necesarios para su puesta en funcionamiento.
Estas subvenciones se destinarán principalmente a los colectivos más vulnerables del municipio de Paiporta, con especial atención a las personas mayores, las personas con discapacidad o movilidad reducida y las familias con menores a su cargo. Según la moción aprobada, esta ayuda cubrirá todas las medidas necesarias para garantizar la seguridad y el correcto funcionamiento de los sistemas de ascensores, incluyendo reparaciones eléctricas, mecánicas e hidráulicas, así como trabajos en sus componentes de seguridad. Para asegurar la eficacia de esta medida, el Ayuntamiento implementará un procedimiento de solicitud simplificado que facilitará los trámites administrativos a la población afectada.
Actualmente, los departamentos de servicios sociales de Albal, Aldaia, Benetússer, Castellar-l'Oliveral, Catarroja, el Forn d'Alcedo, La Torre, Massanassa y Picanya han identificado un total de 326 ascensores como de alta prioridad. Según datos de Ascencoval, 176 de estas unidades ya han sido reparadas, mientras que otras 46 se encuentran en proceso de reparación. De los 104 restantes, en 55 casos, actualmente no se dispone de información suficiente para determinar con precisión su estado actual.

FAIN: La empresa más afectada del sector
Dentro del espectro de empresas industriales del sector VT ubicadas en la Comunidad Valenciana, FAIN ha sido la compañía más afectada por el huracán DANA en términos de daños en ascensores, ya que ocupa el primer lugar por el número total de ascensores bajo su responsabilidad, representando el 43.9% de todas las unidades instaladas. Esta compañía cuenta con varias sucursales en Valencia y gestiona una extensa flota de ascensores en toda la región, donde desarrolla una intensa actividad en el mantenimiento y la modernización de los equipos. El notable crecimiento de FAIN se debe en gran medida a su estrategia de adquisición de empresas locales, como la adquisición de Ascensores Laplana (29 de mayo de 2025), una estrategia que ha impulsado su progresivo aumento de cuota de mercado en toda la región del Levante.
En su página web corporativa, la propia empresa reconoce que su plantilla realizó un trabajo "impecable y sobrehumano" desde el mismo momento en que se desató la tormenta DANA:
“Algunos empleados perdieron sus vehículos de empresa, pero acudieron a trabajar desde el primer día utilizando sus propios coches particulares; otros se desplazaron a pie a distintos municipios para atender a nuestros clientes más afectados.”
En los meses inmediatamente posteriores a la tragedia, la centralita de la empresa se vio desbordada por una avalancha de solicitudes de servicio y quejas. En respuesta, sus trabajadores se apresuraron incansablemente a acudir a los lugares afectados para llevar a cabo un proceso —repetido hasta la saciedad durante semanas en medio del lodo y las inundaciones— que implicaba la ardua tarea de limpiar equipos tanto en edificios comerciales como en viviendas particulares, evaluar el alcance de los daños profundos, preparar presupuestos, conseguir materiales y gestionar las reparaciones con la mayor rapidez posible para hacer frente a la creciente carga de trabajo, todo ello mientras lidiaban con las dificultades logísticas ya mencionadas.

La moratoria de la ITC
En este contexto de operaciones técnicas, todas las miradas están puestas en la expiración de la prórroga relativa a la entrada en vigor de la aplicación del ITC en la Comunidad Valenciana. Esta prórroga se establece en el Real Decreto 485/2025, que dispone de una moratoria hasta el 1 de julio para la adaptación de ascensores al nuevo ITC AEM 1 (aprobado por el Real Decreto 355/2024) en la Comunidad Valenciana, retrasando así un año la obligatoriedad de realizar mejoras no esenciales relativas a la nivelación de plantas y la protección de puertas. Esta medida se considera excepcional y tiene como objetivo priorizar la reparación de los equipos dañados por la DANA.
En relación con esta iniciativa gubernamental, FEEDA y ASCENCOVAL actuaron como interlocutores clave para conseguir este aplazamiento de un año de la entrada en vigor de la nueva normativa nacional de seguridad para ascensores (ITC) en la Comunidad Valenciana.
Gracias a esta medida, se han podido reparar más de 1,000 ascensores que habían estado fuera de servicio desde las inundaciones. Frechilla destacó esta moratoria como “una decisión responsable destinada a responder a una emergencia social. Durante meses, FEEDA ha estado solicitando recursos y flexibilidad regulatoria para priorizar la asistencia a quienes más la necesitan”.
La decisión fue el resultado de una reunión estratégica celebrada en la sede de FEMEVAL en junio de 2025, a la que asistieron Frechilla, junto con España; Rebeca Torró, secretaria de Estado de Industria; el expresidente de FEMEVAL Vicente Lafuente; y Carbonell.
Mirando hacia el futuro
Con el objetivo de anticiparse a futuros fenómenos meteorológicos adversos, en junio de 2025, la Generalitat presentó una segunda iniciativa de contingencia titulada «Plan de Recuperación tras el DANA». Este plan, que comprende 339 medidas y un presupuesto de 29 millones de euros —que se distribuirán entre varios organismos administrativos—, busca proteger a la ciudadanía y prepararse de forma proactiva para futuras inundaciones.
En cuanto a las medidas a nivel municipal, una iniciativa destacada consiste en adaptar los ascensores para evitar que se conviertan en trampas mortales para los residentes. Según el Plan, esta iniciativa implica equipar los ascensores con un sistema de protección activa diseñado para prevenir inundaciones durante emergencias, garantizando así que las viviendas no queden atrapadas en la planta baja o en el sótano. El objetivo es evitar que los ascensores se averíen y, potencialmente, atrapen a los ocupantes, como ocurrió trágicamente a una pareja que falleció tras quedar atrapada en un ascensor de un edificio en Catarroja el día del DANA.
Esta iniciativa exige la instalación de sensores de detección de agua en los fosos de los ascensores; estos sensores activarán un sistema de alarma sonora, una medida que requiere coordinación con las empresas de mantenimiento de ascensores y las empresas de administración de propiedades.
Otra medida contemplada en este Plan de Recuperación regional, específicamente en el ámbito de los sistemas de transporte público, consiste en equipar los ascensores con baterías auxiliares y sistemas de drenaje de agua para garantizar su funcionamiento continuo durante emergencias. Esta medida facilitaría la evacuación de personas con movilidad reducida, evitando así situaciones de aislamiento extremas. Según la Generalitat, la integración de estos sistemas de baterías auxiliares será un requisito obligatorio que se incorporará a las especificaciones técnicas de todas las nuevas promociones de viviendas sociales.
Referencias
Evento meteorológico de DANA — Octubre de 2024
DANA es un fenómeno meteorológico que se forma en el Mediterráneo llamado Depresión Aislada en Niveles Altos (DANA), una frase en español que se traduce como depresión aislada en niveles altos. La mencionada en este artículo ocurrió el 29 de octubre de 2024 y fue la DANA más severa registrada en el siglo XXI, comparable a la catastrófica "Pantanada de Tous" de 1982, según la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) de España. El 29 de octubre, algunas áreas recibieron el equivalente a la lluvia de un año en tan solo unas horas, lo que provocó inundaciones masivas que devastaron pueblos enteros y dejaron a miles de personas aisladas. En algunas áreas, las precipitaciones alcanzaron hasta 20 pulgadas (500 l/m²).2Más de 155 personas fallecieron durante el suceso. — Esta información proviene de LiveScience. [ 1 ]